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Cuando nos decidimos estudiar la carrera de Contador ya presuponemos que al recibirnos vamos a realizar trabajos para un tercero, una organización, que por lo general, al no ser conocidas otras posibilidades, asociamos a las empresas. En la universidad fuimos a buscar las herramientas para ello, a conocer la utilidad de la contabilidad, sus posibilidades, y en definitiva, a “abrir” nuestra cabeza. Pero, ¿para quién contamos?
En lo inmediato, es en el Plan de Estudios donde se plasma la respuesta. El enfoque de nuestra carrera de Contador Público está orientado principalmente a la formación de técnicos a medida de las grandes empresas, relegando a empresas autogestionadas, organizaciones sin fines de lucro, PyMEs, ONGs o el Estado. Así, por ejemplo, la materia “Administración Pública” es optativa, y “Contabilidad Pública” ni siquiera existe. Lo mismo sucede con el caso de las cooperativas, que su análisis queda para una materia optativa de la currícula. Otra de las problemáticas que encontramos es la existencia de materias (Patrimonial e Impuestos) con una carga teórica que no alcanza a ser abordada en un solo cuatrismestre; además de la falta en la actualización de contenidos en materias como Tecnología.
Estos recortes, y sobre todo la falta de un panorama integral sobre las distintas lógicas contables, creemos que no es fruto del azar. ¿Alguna vez te preguntaste por qué las multinacionales sponsorean las aulas de la Facultad y organizan grandes jornadas para conseguir pasantes? No es casualidad que, mientras avanzamos en nuestra carrera, nos encontremos con materias cuyos titulares sean los dueños de grandes estudios contables. En este sentido cuando se nos presenta la necesidad de ya ir teniendo una experiencia laboral mientras cursamos, recurrimos a realizar una pasantía (con menores derechos laborales) en estos grandes estudios o empresas.
Como estudiantes de Económicas entendemos que la universidad pública debe formar profesionales con criterio e ideas propia; críticos de la realidad. En teoría deberíamos tener bajo nuestra posibilidad de análisis a toda organización en general.
Creemos que todos debemos ser partícipes de la decisión de qué estudiar y para quién. Son necesarios espacios de debate abiertos, la conformación de grupos de investigación, la vinculación con distintos emprendimientos e instituciones sociales, y la reflexión y decisión colectiva de nuestro papel como estudiantes de la UBA y como futuros trabajadores. La reforma de nuestro plan de estudios provendrá de nuestra participación y organización en pos de una formación crítica y plural. |
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Es importante que nosotros los estudiantes iniciemos el camino de pensar cómo se estructuran y de dónde salen los contenidos que aprendemos en nuestra carrera. Una buena forma es comenzar por el Plan de Estudio que es la guía que orienta y relaciona todas las materias para nuestra formación.
En el año 97 hubo un proceso de reforma, sin un dialogo con la comunidad educativa, donde se redujo selectivamente el contenido de la carrera quitándose materias como “Administración Pública” (solía ser obligatoria), “Contabilidad Intermedia”, “Sistema de Administración Financiera y Control del Sector Público”. Además, siendo que hace 13 años el programa es el mismo, nos preguntamos ¿No cambiaron las técnicas y teorías de gestión? ¿No cambiaron las coyunturas, el mercado laboral, la economía nacional? A veces nos pasa que cuando queremos explicar qué temas se estudian en nuestra carrera,llegamos a la conclusión de que se ve un poquito de todo pero especialmente de nada.
Sentimos saber algo de estructuras organizacionales, algo de relaciones laborales, algo de planeamiento y presupuestación, etc. Se termina generado un pantallazo, más que general, orientado a todas las áreas de la gran empresa donde podemos desempeñarnos como profesionales,quedando afuera el debate el rol social del administrador. Esto se expresa en la falta de enfoques como la administración pública, pymes, empresas autogestionadas, cooperativas, etc.
Con el objetivo de dejar de ser profesionales que saben de todo pero no profundizan en algo específicamente, proponemos una formación en administración que contemple una primera instancia mas general con espíritu crítico y pluralidad de enfoques, y posteriormente una formación más especifica en lo que prefiramos profundizar.
Como estudiantes creemos que juntos podemos construir una carrera y una facultad mejor. Desde el Centro de Estudiantes y con las iniciativas de nuestros Consejeros Directivos la historia podría comenzar a cambiar si se escucharan estas voces. Por eso es importantísima nuestra participación, sumate a que el Centro sea realmente de y para los estudiantes que queremos mejorar día a día nuestra Facultad.
Estas son algunas de las inquietudes que nos surgen como estudiantes de Administración. Por eso proponemos, crear espacios concretos de participación en los que confluyan las opiniones de docentes, estudiantes y graduados en las que podamos:
- Debatir periódica y abiertamente qué Plan de Estudios deseamos, con qué potencialidades y con qué objetivos;
- Construir ámbitos de investigación, que nos permitan crear conocimiento científico acorde a las necesidades de nuestra sociedad, y que le de cada vez más prestigio a nuestra Universidad.
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¿Qué aprendemos? Cómo es nuestro plan de estudios.
El Plan de Estudios que actualmente tenemos es producto de la última reforma sufrida en el año ’97 en el marco de la oleada neoliberal. Más allá de la intensa resistencia de estudiantes y sectores docentes nucleados en asamblea, ese año se decidió (con la complicidad de Franja Morada-Nuevo Espacio) recortar la carrera en un 17% (yendo a parar gran parte de esos contenidos a los postgrados pagos), se eliminó el Ciclo Básico Común y se descentralizó la cursada en distintas sedes. Lo que quedó como plan de estudios es una licenciatura entroncada en la escuela de pensamiento neoclásica y sus vertientes (nuevos clásicos y neokeynesiana), con una fuerte repetición de contenidos en lo ateniente a teoría económica, pero complejizando su formalización matemática. Si bien existe una minoría de docentes que abordan teoría económica estructuralista, marxista, regulacionista, keynesiana o poskeynesiana, debido a la falta de estructuración de contenidos, esto no garantiza, como han pretendido hacernos creer, el pluralismo de los planes de estudio.
A su vez el uso extendido de manuales es una práctica que resulta absolutamente funcional con la pretendida ausencia de debates y cuestionamientos a la teoría económica dominante. El debate ocupa un lugar exterior que se salda con la edición del manual, el abordaje alternativo no suele ser una opción.
La teoría económica dominante se nos presenta como la “única verdad” y no como una de las tantas interpretaciones de la realidad. Esto trae consecuencias en nuestra formación. La más paradigmática es que las herramientas que nos ofrece el actual plan de estudios, no nos permiten interpretar los fenómenos de la actualidad. De esta manera vemos que en un año plagado de debates sobre diversas cuestiones económicas (desempleo, asignación universal por hijo, ANSES, inflación, pago de la deuda con reservas del BCRA etc.) los estudiantes de economía no somos capaces de analizar ni explicar estas cuestiones. Sin embargo seguimos realizando la estática comparativa de un IS-LM a la perfección.
¿Quiénes nos enseñan? La situación docente.
Según el Censo docente del 2004, en la Facultad había 2.350 docentes sin renta, es decir, que trabajan gratis!!! (ver diario Página 12, 17 de abril de 2007) y de acuerdo con las cifras del Padrón docente de 2008, de los docentes nombrados, el 68% trabaja “ad-honorem”, es decir, GRATIS. Al frente de las aulas se encuentran, por lo general, docentes que no han concursado ese cargo, sencillamente porque no es una práctica habitual en esta casa de estudios. El Depto. de Economía suele ocupar los cargos nombrando docentes interinos que no tienen garantizada la estabilidad laboral ni representación en el Consejo Directivo. Apenas el 16% de los cargos actualmente ocupados han sido concursados y la dedicación exclusiva (o semiexclusiva) es prácticamente inexistente.
Todo esto sin contar a los ayudantes sin nombramiento (muchos de los cuales son compañeros de cursada) que, trabajando como docentes, también dedican su tiempo y esfuerzo gratis en las aulas.
Difícilmente estos docentes puedan llevar a cabo sus tareas necesarias de investigación y formación, ni existe una estructura que lo contemple. En los Centros de Investigación se trabaja con distintas becas. Unas las otorga la UBA (las conocidas UBACyT), otras el CONICET. Claro está que la Facultad no destina fondos para ello. Incluso muchos investigadores trabajan sin renta alguna, y unos pocos cobran estipendios mínimos. Las pasantías que otorga la Facultad (PROPAI) son otra forma más de precarización laboral, con una exigencia horaria de 20 horas semanales y una asignación estímulo que no estimula. El sueldo de los becarios PROPAI está planchado en $570 hace 3 años (con una inflación mínima promedio de 24% anual) y claramente esto desalienta la investigación como opción laboral. Excepto que los investigadores puedan efectivizar su situación en la UBACYT u otras modalidades de contratación (por fuera de la FCE), es casi imposible continuar con esta carrera.
Si te das una vuelta por los Centros vas a ver que las condiciones de espacio y edilicias, los equipos de computación y los materiales son bastante precarios y no se condicen con la cocina del conocimiento de “la mejor facultad de Latinoamérica”. En estas condiciones, exigimos un presupuesto acorde para la excelencia académica que la Universidad Pública se merece: salarios para los docentes, salarios para investigadores, más presupuesto para investigación, no a la privatización del conocimiento. |
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Este mes se dio a conocer la noticia de que el Banco Santander Río vuelve a “colaborar” con la FCE mediante un convenio firmado por el propio Decano Barbieri. Esta vez se trata de la entrega de materiales para equipar las aulas del Nuevo Edificio.
¿Qué es lo que hace a este banco privado ser tan atento con la UBA, particularmente con la Facultad de Económicas? ¿Por qué están tan preocupados por nuestra educación? Volvamos tres meses hacia atrás para lograr entender esta historia.
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Quisieron echar a un profesor crítico de la carrera de economía.
Rolando Astarita, Profesor Adjunto Interino de un curso de Desarrollo Económico de nuestra facultad, a partir de este cuatrimestre dejó de percibir su salario. Sin darle explicación alguna, las autoridades de la facultad no renovaron su designación. No es la primera vez que esto le sucede, ya que en el 2006 habían intentado una maniobra similar, pero gracias a la movilización de docentes y estudiantes se realizó un petitorio y se logró conservar el curso.
Esto no es una casualidad, ya que el de Astarita es uno de los pocos cursos críticos al plan de estudios de la carrera de economía. Este tipo de “problemas administrativos” también lo sufrieron Marcelo Ramal (organización industrial) y Pablo Levín (historia del pensamiento económico). Lo poco de pluralidad que existe en nuestra carrera es fruto de la lucha de los estudiantes y docentes y no una concesión de las autoridades de la facultad. Este tipo de problemas siempre afectan a quienes dan contenidos distintos al pensamiento único que predomina en la FCE.
Estos abusos son posibles por culpa del marco de precariedad laboral de los docentes en toda la Universidad. Más de la mitad no cobra por su trabajo y hasta algunos ni siquiera tienen su nombramiento. Los pocos que cobran, tienen un salario miserable y la mayoría de ellos están sin concursar. Como si todo esto fuera poco, los concursos que existen son designados a dedo, sin ningún criterio claro.
La causa de estos sucesos que se repiten hay que buscarla en la estructura antidemocrática del Consejo Directivo. Sólo 460 docentes concursados tuvieron la posibilidad de ejercer su derecho a voto para elegir a sus representantes, mientras que la inmensa mayoría, que sufre la inestabilidad laboral, no tiene voz ni voto dentro de este órgano. Ante esta situación nuestro Centro de Estudiantes, conducido por Franja Morada – Nuevo Espacio, se mantiene en un silencio cómplice. Necesitamos una nueva conducción en el CECE que luche por:
- Nombramiento y apertura de concursos para todos los docentes
- Rentas para los ad-honorem
- Voz y voto en el Consejo Directivo para todos los docentes
- Basta de persecución a los que piensan distinto en la FCE
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